La carrera prometida

Me gustaría poder contaros que siempre quise ser traductora, que desde chiquitina lo tuve claro y que cada uno de mis pasos se dirigía hacia la consecución de ese ansiado objetivo. Suena, a priori, más romántico.

Pero lo cierto es que no, la traducción no ha sido el amor de toda mi vida, ni mi primera ni mi única amante. Más bien, la traducción ha desempeñado el papel de esa niña, tímida pero leal, que durante toda la infancia perteneció a mi pandilla, pero en la que jamás pensé de ese modo. Por favor, que es mi amiga, no podría verla jamás con esos ojos, qué despropósito.

Tanteé cientos de posibilidades. La más consistente a lo largo de los años fue el periodismo, ese típico novio de instituto que va y viene, esa relación tormentosa que parece que no va a acabar jamás, porque nos amábamos aunque no nos entendiéramos ni compartiéramos nuestros principios fundamentales. También flirteé con las ciencias ambientales, aunque fue breve y estaba abocado al fracaso: yo de Letras, ellas de Ciencias… nuestras familias nunca lo hubieran permitido. Y luego vino la psicología, y el trabajo social, y la filología.

Entonces, llegó el momento de la verdad e, inexplicablemente, me prometí con Sociología y Ciencias Políticas, a quien apenas conocía. Tenía sentido en su momento, pero ahora no logro recordar por qué. En cuestiones del corazón todo es incierto. Sin embargo, en un arranque de locura o de sinceridad conmigo misma (¿acaso no es lo mismo?), a las pocas semanas desgarré los papeles de la matrícula y, casi con lágrimas en los ojos, rogué a mi vieja amiga, ignorada y despreciada, que me diera una oportunidad.

Queridos lectores, las películas de Hollywood nos mienten: si has maltratado a la chica, porque le digas que te lo has pensado mejor y que en realidad crees que siempre la has querido a ella, no se va a tirar en tus brazos ipso facto. Va a enviar a su compañera, normalmente no muy simpática, de Secretaría, para que te diga de su parte que has visto demasiadas películas, que Traducción e Interpretación tiene plazo de preinscripción y que vas a tener que esperar un año para demostrarle que de verdad eres sincera, y que no volverás a romperle el alma con tus vaivenes.

Pero la espera mereció la pena, y no tardé mucho (un par de cursos, de hecho hasta que empecé a traducir de verdad) en darme cuenta de que mi vida no hubiera sido tan feliz sin ella. Inevitablemente, he conocido y conoceré otras pasiones, y de cuando en cuando la traducción me echará en cara, resentida, mi falta de dedicación constante y absoluta de días tempranos. “Podrías haber sido bilingüe”, “Ya podrías hablar otro idioma si hubieras comenzado antes”, “Podrías haber tenido mejor media en la carrera, y nuestros hijos podrían ir a mejores universidades en el futuro”… Y tendrá toda la razón.

Pero más razón tendrá cuando, entre condescendiente y tonta enamorada, me perdone cada falta al observar que, aunque yo no fuera consciente de ello, siempre ha sido y será imprescindible para mí.

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9 pensamientos en “La carrera prometida

  1. Me ha encatado tu artículo, Iris.
    Como tú, yo también soy de las que he dado muchas vueltas hasta encontrarme a mi misma y descubrir que la traducción siempre estuvo ahí, paciente y silenciosa, esperando a que le prestase la atención que merece y le dedicase todo mi tiempo.

    Mucho ánimo y ¡suerte con el blog!
    Yolanda

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  2. Hola, Iris:

    Me ha picado el gusanillo y he tenido que leerte. Me ha encantado. Es difícil enganchar con una primera entrada pero conmigo lo has hecho. Este blog promete y mucho.

    ¡Bienvenida a WordPress! Cuidado, es adictivo.

    Un saludo y hasta muy pronto, compi.

    Lorena

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  3. ¡Muy bonita tu escritura! No te preocupes por esos sentimientos encontrados hacia nuestra amiga, la Traducción. Yo también la desprecié en un primer momento y lloré, pero al final, pensé que a veces el corazón ve razones que tu propia mente no las ve. 🙂

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  4. Carissima Iris, ti scrivo in italiano così puoi cominciare ad imparare una nuova lingua e a tradurre anche i testi in italiano.
    Me he encantado mucho lo que hay escribido: tu historia, y lo stile de tu articulo. Como puede mirar, tento de escribir en espanol, porque me gustaria aprenderlo…pero como puedes leer, parece que una nina esta escribendo…perdoname, me voy mejorar. Con tanto affetto, tanti baci e tanto amore, Giulia.

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  5. Me gusto muchísimo!!! Y me siento un poco identificada con tu historia. También pensé que estaba enamorada en mi adolescencia, pero al pasar los años me di cuenta que no era más que entusiasmo por los números y que lo que realmente me quitaba el sueño era el Inglés.
    Un beso y un abrazo!
    Carol

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  6. ¡Hola Iris! Acabo de descubrir tu blog y esta entrada tan bonita y tan bien escrita. Yo también me siento muy identificada con ella. Siempre me gustaron los idiomas pero en el instituto era de ciencias, hasta que llegó la Selectividad y la hora de elegir carrera, y yo, totalmente desorientada y sin tener ni idea de lo que realmente quería, escogí Traducción, por probar, porque siempre me habían gustado los idiomas, se me daba bien el inglés y tenía que escoger carrera ya, pero sin estar demasiado convencida del todo. A medida que pasaban los cursos, me fui dando cuenta de que había elegido bien, de que aquello verdaderamente me gustaba. Pero lo nuestro no fue, ni mucho menos, un amor a primera vista, sino que se fue consolidando con los años.
    Incluso hemos tenido nuestros más y nuestros menos a lo largo de estos años. Trifulcas y momentos en los que quise desligarme de ella, o la engañé con otros amantes (aunque la palabra “engañar” quizás no sería la adecuada, porque lo nuestro es una relación abierta en toda regla) pero siempre acababa volviendo a sus brazos, y así estamos, juntas de nuevo ;).
    Y a cuantos más traductores conozco, más me doy cuenta de que no somos los únicos en esta situación.
    ¡Un abrazo, ha sido todo un placer conocerte!
    Irene

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