Los Principitos

Hoy, por ser el Día del Traductor, me he permitido el lujo de aparcar mis obligaciones para leer algunas de las entradas que compañeros de profesión han publicado. Así, me he tropezado con este artículo de Muñoz Molina, “Los Traductores”, que comenzaba así:

Lo fundamental tiende a ser o a volverse invisible. Porque son fundamentales y porque su trabajo está en todas partes los traductores tienden a desvanecerse en la invisibilidad, y también porque cuando mejor hacen su oficio menos huellas quedan de él, hasta el punto de que parece que no hayan intervenido.

Se ha escrito mucho sobre la invisibilidad del traductor y de que parece que solo existimos cuando algo está “mal traducido” (de lo que, por cierto, hablaré tangencialmente en mi próxima publicación), y por ello me parece tan importante que celebremos este día. Para recordarle al mundo que aquí estamos, ofreciendo un servicio que en ocasiones ha sido, y será, de vital importancia para el devenir de las relaciones interpersonales e incluso internacionales.

Poco a poco, se habla más y mejor de nosotros, o al menos esa es mi percepción, así que algo estaremos haciendo bien en ese aspecto. No obstante, debemos seguir insistiendo con nuestro esfuerzo diario y, ¿por qué no? Alzando la voz cada 30 de septiembre.

Sin embargo, no es la única función que le asigno a esta celebración. Y es que, aparte de invisibles en nuestras obras, somos invisibles también en nuestro entorno. Muchos de nosotros, los que trabajamos desde casa y no en una empresa con horarios de entrada y salida y gente real alrededor, no nos quitamos el pijama ni para hacer la compra si podemos evitarlo. Puede ser una ventaja a nivel personal, pero también una gran desventaja a nivel social: desde hace unos meses, puedo afirmar sin temor a exagerar que tengo más relación con entes virtuales a los que no he visto siquiera una vez, que conversaciones con personas con ojos y voz y risa.

Por esta razón, que la APTIC (Associació Professional de Traductors i Intèrprets de Catalunya) organizara el pasado viernes un pequeño evento informal para traductores e intérpretes con motivo (o la excusa) del Día del Traductor, me pareció fantástico. Más aún que hubiera un concurso de montaditos y pinchos, ya que otra de mis pasiones es la cocina:

Bueno, es mi pasión desde hace poquito tiempo.

Fue maravilloso poder hablar de traducción, pero también de otros temas como música, viajes, comida… sin tener que teclear las respuestas, y poder sonreír en lugar de darle a Me gusta. Porque, no sé vosotros, pero yo no doy el perfil de traductora en pijama. Adoro mi trabajo, pero me he criado en el sur de España, donde prácticamente se vive en la calle, con mi gente alrededor de unas cañicas y unas tapas, y eso fue precisamente lo que hicimos el viernes pasado.

Fuimos muchos más de lo que esperaba porque, claro, siempre metidos en nuestras cuevas, a veces hasta los propios traductores nos olvidamos de que existimos. Y me gustaría repetir, volver a ver a estos Principitos, que saben que, aunque resulten invisibles a los ojos, son esenciales para la sociedad.

P.D. Gracias a la APTIC  (http://www.aptic.cat/quisom) por la maravillosa organización y por su acogedora bienvenida. Lo que me lleva al tema del asociacionismo, pero eso… To be continued.

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4 pensamientos en “Los Principitos

  1. Una de las razones por las que me uní a APTIC, quizás la más importante, fue, precisamente, para poder conocer a otros traductores, conversar con ellos, ponerles cara, y poder compartir opiniones y experiencias sobre esta profesión tan solitaria. Gracias a días como el de hoy, nos sentimos un poco menos solos.
    Y siempre es un placer en actos como este conocer a gente tan maja como la autora de este blog :).

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  2. Qué bonita entrada, Iris. A mí siempre me ha gustado “El Principito”, así que este paralelismo con la figura del traductor me ha encantado…
    No sabía que estuvieras en APTIC. La próxima vez que organicen un sarao así, hablamos para quedar… me quedé con las ganas ;-).
    Yolanda

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    • Como siempre, gracias, Yolanda.
      No estoy en APTIC (aún) porque no sé cuánto tiempo me voy a quedar en Cataluña, pero me asomé aún sin ser socia y me acogieron con los brazos abiertos. La verdad es que lo pasamos muy muy bien, espero que haya una próxima pronto y que te puedas venir 🙂

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