¿Conoces a Quico Rovira-Beleta? III

Nunca se sabe: quizá caiga una estrella. (¿Conoces a Joe Black?)

Creíais que ya me había olvidado, ¿eh? Pues no, es que quería reservar para Reyes, en honor a los más tradicionales, la que probablemente sea la entrega de la entrevista a Quico Rovira-Beleta más esperada por mis compañeros de profesión: los bien cimentados consejos de este profesional para futuros traductores audiovisuales.

La buena noticia es que son palabras de ánimo, nada del fatalismo tan de moda en estos tiempos de crisis. La mala noticia, que se ha acabado la entrevista 🙂 Disfrutadla y, sobre todo, aprovechadla:

– Generalmente, una película se traduce en un plazo de una semana a diez días. Con estos tiempos tan ajustados, si te estancas en un juego de palabras, ¿qué haces?

– No puedes estancarte. Lo que haces normalmente, si no encuentras una solución idónea, es consultar con colegas, con otras personas, saltártelo y consultarlo con la almohada, etc., hasta dar con dos o tres soluciones aceptables. Entonces, pones una nota diciendo “Esto es lo que se me ha ocurrido”, y como dos cabezas piensan más que una, el ajustador, con lo que tú has puesto, encontrará la solución ideal.

Por lo general, con una semana o diez días sueles tener bastante. Aunque no hay película fácil y no siempre consigues cumplir a rajatabla esos plazos.

– ¿Qué prefieres, la traducción para el doblaje, el ajuste o la subtitulación?

– Qué difícil. Por lo general, lo que me da más trabajo es ajustar, y me encanta. De todos modos, traducir es mi gran pasión, siempre me ha gustado. Tú eres el primer responsable de la película, y eso es algo maravilloso, tú vas a hacer que la gente entienda esa película en tu idioma. Te sientes creador, juegas, buscas, solucionas juegos de palabras… Aunque debes ser consciente de que no eres la última persona que va a tocar ese diálogo: después de ti viene un ajustador que sabes que va a tocar tu texto. Y hay que admitirlo, un traductor lo primero que tiene que ser es humilde, porque debe aceptar que le toquen su trabajo.

El ajuste también tiene sus pros y sus contras. Uno de los pros es que tu resultado es lo que al final va a ver todo el mundo, tú eres el autor final de la obra. Por otra parte, con el ajuste a veces te ves obligado alejarte del original más de lo que quisieras, por lo que tienes que tener más dominio de los sinónimos.

Los subtítulos, por otra parte, tienen la principal ventaja de que no tocas el texto original, las voces originales están ahí y todo el mundo las puede oír, no modificas la película. Pero los subtítulos, en realidad, solo traducen aproximadamente un 70% de la película, el resto se pierde. Los subtítulos tienen la limitación de espacio, que es un handicap enorme. Y luego tienes el problema de la literalidad: si hay una broma sobre “los cerditos no sé qué”, que en castellano resulta que, para que tenga el mismo efecto, dices “los gatitos no sé qué”, siempre habrá que diga: “Yo he oído pigs y ahí pone gatos. Qué mal traducido está”, y es justo lo contrario, a veces el haber encontrado un buen juego de palabras es una muy buena traducción.

– Aparte de traductor de doblaje, subtitulador y ajustador, también eres profesor del módulo de doblaje del METAV. ¿Qué es lo que más te gusta de dar clase en el máster?

– El chat. Lo que más me gusta es comunicarme con vosotros, lo más bonito es el contacto con los alumnos.

El máster está muy bien porque todos son casos que nos han pasado a Gonzalo Abril, Josep Llurba y a mí, de modo que es muy fácil hablar de ellos porque los dominas, y al alumno le gusta porque realmente entiende que son casos que se puede encontrar, que no es solo teoría, se trata de casos reales: “En tal película me pasó tal cosa”. Y lo mejor son los chats porque, a pesar de ser a través de un ordenador, es el contacto más cercano con los alumnos, y me encanta.

El máster en general me gusta mucho. Ahora ya llevamos once años, y estoy encantado.

– Y, ¿cómo empezaste en él?

– La entonces directora del máster, Pilar Orero,  habló con Gonzalo Abril y le dijo: “Quiero hacer un máster donde los profesores sean profesionales. Búscame gente”. Y Gonzalo nos llamó a Josep Llurba y a mí.

Gonzalo hace tres unidades del módulo, y Josep y yo hacemos todas las demás juntos porque es mucho más cómodo, y además hemos descubierto que los chats con dos profesores son más divertidos que con uno solo. Josep y yo nos complementamos bien porque yo soy más charlatán y él es más callado, pero cuando dice las cosas es como el dardo en la palabra. La verdad es que disfruto mucho dando el curso con él.

Todo lo que hago me encanta, tanto cuando traduzco, como cuando ajusto, hago subtítulos, doy cursillos o el máster.

– Y, ¿qué es lo que menos te gusta de dar clase en el máster?

– Lo que menos me gusta es el tiempo que te roba tener que corregir ejercicios cuando nosotros, como profesionales, estamos trabajando, no dejamos de trabajar en ningún momento. Cuando de repente estás con una peli que te corre prisa y tienes que parar y corregir ejercicios… no es fácil. Has de robar tiempo de los fines de semana, sobre todo.

Pero merece la pena. Merece la pena como profesor, y merece la pena también como alumno. Tú que lo has hecho, puedes corroborar que en diez unidades, en diez semanas, se aprende un montón. Y yo creo que se aprende, sobre todo, porque os estamos contando lo que vivimos todos los días, desde que nos levantamos hasta que nos acostamos.

– Ya sabemos que la traducción es una de las profesiones más solidarias y colaborativas que hay, pero ser profesor de este máster, ¿no es un poco como criar a tu futura competencia?

– Sí, pero a mí eso no me importa. Nosotros no somos eternos, y lo más importante es que en realidad hay trabajo para todos. La ventaja es que estamos tocando el más universal de los temas: la comunicación. Como la gente está condenada a entenderse, traductores va a haber toda la vida. Nunca va a haber una lengua común que haga que todas las demás desaparezcan. Eso sería una barbaridad, no se pueden matar las lenguas. Y, aunque el inglés sea la lengua “universal”, el serbocroata se va a conservar, el catalán se va a conservar, etc. Cuando te encuentras idiomas como el sumerio o el sánscrito y ves que ya no los habla nadie, da mucha pena. Es decir, la tendencia a un idioma universal como eje de entendimiento me parece bien, pero como única lengua me parece un crimen aberrante. Por tanto, la traducción tiene que existir toda la vida, y trabajo para traducir va a haber siempre, y va a haber mucho.

Cuando yo empecé a traducir no existía la carrera de traducción, traducías porque sabías idiomas, nada más. Ahora os enseñan una serie de pautas para trabajar, para afrontar el mundo de la traducción, que me parecen súper útiles, y claro, ahora salís muchos más traductores. Pero es igual, de una cosa o de otra siempre acabas encontrando trabajo, aunque empieces haciendo poquitas cosas, pero siempre hay trabajo, siempre.

En el caso del mundo audiovisual, la misma accesibilidad, por ejemplo, acaba de abrir un campo inmenso. El rehablado en España está muy poco extendido, pero se irá extendiendo poco a poco; la subtitulación para sordos y la audiodescripción van a ser obligatorias dentro de muy poco, o sea que todo da pie a que haya trabajo.

Es decir, es verdad que yo creo competidores, pero lo que hay que entender es que la experiencia, la antigüedad, es un grado. Ningún traductor recién salido de la facultad espera que su primer trabajo sea Star Wars, evidentemente. Para mí, un alumno que acaba de salir con muy buena nota, no es competencia, es un enorme orgullo.

Y con los compañeros ocurre lo mismo. Josep Llurba, por ejemplo, es competencia máxima mía, las películas que no le dan a él me las dan a mí y viceversa. En cambio, somos muy buenos amigos, aunque no dejamos de tenernos cierta envidia sana. Además, también hemos hecho juntos varias, como el caso de Ocean’s Thirteen.

La competencia existe, y si uno quiere se puede enfadar con todo el mundo, pero cuando eres traductor aprendes a ser humilde, y una de las cosas a las que te lleva la humildad es a aceptar que el de al lado tenga trabajo.

– Teniendo en cuenta todo lo que hemos hablado, ¿cuál es, según tú, el perfil de un traductor para doblaje?

– Un traductor para doblaje tiene que ser una persona que, aparte de dominar los dos idiomas como cualquier traductor, tenga bastante interés por estar al día del lenguaje coloquial, porque el lenguaje coloquial es algo básico en la traducción audiovisual, más que en la traducción literaria, y no digamos en la científico-técnica o la jurídica. La traducción audiovisual es una traducción viva. Lo básico es que los personajes hablen, que hablen como se hablaría en la calle, o sea, lenguaje absolutamente vivo. De modo que una de las cosas básicas para un traductor audiovisual es estar al día del idioma.

Otra de las cosas básicas es no tener miedo a trasladar a tu idioma, a la idiosincrasia de tu idioma, lo que dicen en el original. O sea, huir de la literalidad en el sentido estricto, de la literalidad en el sentido de “esto no es español, es inglés traducido”.

Esto es lo principal para un traductor audiovisual: saber ambos idiomas, saber ser coloquial, y sobre todo huir de la rigidez del idioma original. Tienes que ser fiel al original, pero que las cosas se vean en tu idioma, se sientan en tu idioma.

– ¿Algún consejo para los que, como yo, aspiran a ser traductores para doblaje?

– Hay dos consejos básicos. El primero: no os desesperéis nunca. El mundo de la traducción audiovisual es un mundo más cerrado que el de otros tipos de traducción. Es el de más difícil acceso, pero la ventaja es que la traducción audiovisual no solo es el doblaje. Hoy en día, lo que sí es verdad, es que por la enorme cantidad de traductores que hay, es muy difícil dedicarse solo a traducir películas. Yo lo hago porque llevo muchos años y no necesito trabajar en nada más, pero la mayoría de gente no solo traduce películas, hace otras traducciones también. La mayoría de traductores que conozco traducen audiovisual y técnica, o audiovisual y jurídica, o lo que sea. Yo no, yo solo hago audiovisual, solo hago cine. Lo que hay que hacer es no desesperarse. A veces tarda en llegar el trabajo, pero llega.

Y, sobre todo, hay que confiar mucho en uno mismo. Una de las cosas de las que pecamos todos los traductores audiovisuales es de inseguridad: siempre creemos que nuestra traducción se puede mejorar, y cuando la revisamos siempre la retocamos y es el cuento de nunca acabar. Hay que estar convencido de que lo que has puesto es la mejor opción y, para eso, en vez de pensar “Jo, ¿cómo no se me ha ocurrido tal cosa?”, uno tiene que pensar “¿A cuánta gente se le habría ocurrido esta buena solución?”, y verás que a muy poca.  Aun así, momentos de inseguridad tenemos todos, incluido yo mismo.

Resumiendo, que trabajo hay. Evidentemente, la traducción para doblaje es la más restringida, pero hay muchísimos canales de televisión, y la mayoría del producto que ofrecen es doblado. De modo que no hay que desesperar; uno no puede pretender empezar con Star Wars, sino que hay que empezar por televisión, a lo mejor documentales, lo que se tercie. Pero insisto: no desesperéis.

 

3

¡Muchas gracias, Quico! Por tu tiempo, y por los ánimos.

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