¡Ay!

“Ay” es una historia sobre dolor y aislamiento, casi sobre automutilación física y social, cuyos potenciales protagonistas apenas eran conscientes de dicha línea argumental.

Sucedió una fría tarde de mediados de enero en Barcelona, en la sede de la APTIC. Una joven de 25 años, rodeada presencial y virtualmente por otros jóvenes como ella, aprendió que, a menos que cambiara de silla, de mesa, de ordenador, de ratón, de lámpara… de casa, así como de postura, lo que le deparaba el futuro era, como poco, hipermetropía, hernia discal, túnel carpiano y depresión.

Sí, compañeros, esa joven atormentada por la imagen de un porvenir plagado de sufrimiento… era yo. Y, ¿ sabéis qué es lo peor? Que, aunque lo parezca, no estoy exagerando. Los traductores en pijama, y básicamente todo aquél que trabaje desde casa, nos exponemos a estas enfermedades y más… A no ser que empecemos a tomarnos en serio lo que Gabriel Álvarez Casaul, fundador y director de Avensis Ingenieros SL., enseñó en la charla “Ergonomía teórica para traductores e intérpretes”.

Fue una charla amena a la par que intensa, muy interesante y muy educativa, y sin más preámbulos voy a resumiros los que para mí fueron los puntos más importantes. (Sí, la barra de desplazamiento tiene un largo camino por delante. Y, sí, insisto en que se trata sólo de un resumen).

La ergonomía es el estudio que tiene como objetivo  adaptar el entorno de trabajo a la persona, de modo que ésta sufra menos a nivel muscular, óseo y mental. Forma parte de la prevención de riesgos laborales, pero por desgracia todavía existe falta de concienciación al respecto.

Los errores que cometemos cotidianamente a nivel ergonómico pueden causarnos serios problemas, a los que mucha gente no presta demasiada atención porque “no son muy mortales” (Gabriel Álvarez). Sin embargo, es posible llegar a padecer enfermedades y trastornos de gravedad variable: dolores de cabeza; contracturas, lumbalgia, cervicalgia o hernias discales; síndrome del túnel carpiano, síndrome del codo de tenista o síndrome del codo de golfista; artrosis en los dedos de las manos; fatiga visual crónica que puede derivar en hipermetropía; fatiga mental que puede derivar en trastornos del sueño que a su vez pueden provocar irritabilidad, úlceras de estómago, adquisición de tics y/o pérdida de memoria a corto plazo.

Empecemos por los cambios que deberíamos realizar en nuestro mobiliario para prevenir todos estos problemas:

  • Silla. Una buena silla de trabajo debe tener:

– al menos cinco apoyos para ser lo suficientemente estable;

– respaldo reclinable para permitirnos realizar el 90% de los movimientos sin que tengamos que realizar torsiones de espalda;

– apoyo lumbar regulable, puesto que yo, por mucho que me estire, no tengo las lumbares a la misma altura que Pau Gasol;

– altura de la propia silla también regulable, que deberá fijarse tomando como referencia nuestras rodillas;

– bordes redondeados para favorecer la circulación, ya que de lo contrario se sobrecargan las piernas e hinchan los tobillos. 

   En resumen, debe ser una silla que nos ahorre esfuerzos y que evite la curvatura de la columna vertebral.

  • Mesa. Tiene que encontrarse a la altura de nuestros codos. En ocasiones es imposible conciliar la altura de la silla con la de la mesa; en ese caso es preferible respetar la altura de la mesa, puesto que si los pies no nos llegan al suelo se puede solucionar con un reposapiés.

   La disposición de los objetos en la mesa es también una ciencia. Hay que tener en cuenta lo que se llama el “abanico de trabajo”,    que se trata del espacio que podemos abarcar sin sobreesforzarnos, esto es, coger los objetos que necesitamos sin mover más que los brazos. Por ello, lo ideal es una mesa en forma de semicírculo.

   Básicamente, las cosas que más se utilicen deben estar más cerca y las accesorias, más alejadas, por mucho que nos encante la foto del gato. Podría pensarse: “Bah, si lo único que cojo son papeles y eso no pesa nada, ¿qué más dará que lo ponga en la esquina donde no me molesta, y así tengo a Misifú donde pueda alegrarme el día con esos bigotitos tan monos?” Parece lógico, pero lo cierto es que no se trata del peso, sino del tipo de movimientos que nuestra espalda y nuestro cuello tienen que hacer para alcanzar esos ingrávidos folios, y las veces que repetimos dichos movimientos a lo largo del día (de la semana, del año, de nuestra vida).

  • Ordenador. Empezaré por lo que a mí me rompió el corazón: el portátil es lo más antiergonómico que existe. Está diseñado para trabajar en él unas 2 horas al día porque incumple todos los requisitos básicos que se explican a continuación:

– La pantalla. La parte superior de la pantalla debe estar situada a la altura de los ojos y, para pantallas de 22 pulgadas y trabajando con una fuente tipo Arial 12, debe situarse a unos 40-50 cm. de distancia.

Si trabajamos con dos pantallas, lo ideal es tener la pantalla en la que escribimos situada como he descrito, y la segunda pantalla, en la que leemos, ladeada en un ángulo de máximo 35º, a una distancia equivalente a la de la primera pantalla y a la misma altura. Si por el contrario trabajamos con documentos en papel, es recomendable utilizar un atril, en unas condiciones similares a las del ordenador, dentro de lo posible. De este modo evitamos constantes movimientos de ojos y cuello buscando el papel en la mesa.

Deben evitarse los reflejos, pero de eso hablaremos en el apartado “Iluminación”. En cuanto a la iluminación propia del ordenador, debe ser homogénea con el entorno, para evitar que nuestras pupilas se pasen el día “haciendo flexiones” cada vez que apartemos la vista de la pantalla. En cualquier caso, es mejor que sea tenue en lugar de muy brillante. También es aconsejable que se trabaje siempre con el máximo contraste posible, esto es, fondo blanco y letras negras.

– El ratón. Debe abarcarse con la mano, no ser ni más grande ni más pequeño, ya que tiene que coincidir con la curvatura de la mano y la longitud de los dedos. De lo contrario, estamos forzándolos y comprando todas las papeletas para la rifa de la tendinitis. Una alfombrilla con almohadilla puede ser una buena idea.

  • Reposapiés. Es opcional a menos que, como ya se ha mencionado, la altura de la silla no sea la adecuada. Utilizar un reposapiés tiene la ventaja de facilitar los cambios posturales.

Otros factores que influyen son los siguientes:

  • Iluminación. Nuestra pantalla debe encontrarse perpendicular a la ventana (siempre teniendo en cuenta que la luz solar varía su posición a lo largo del día). De este modo, evitamos los reflejos causados por una ventana justo detrás, que dificultan la lectura y nos obligan a forzar la vista, y también tener una luz más intensa que la de la pantalla justo delante, que provoque la dilatación de nuestras pupilas cada vez que apartemos la vista del monitor. Lo ideal es encontrarse en el centro de dos haces de luz que creen un marco homogéneo e indirecto.

   En cuanto a la luz artificial, es preferible la luz fría, sin que llegue a ser excesivamente azulada. Los plafones de oficina consiguen ese ambiente homogéneo ideal, ya que refractan la luz de modo que no sean haces directos, sino difuminados. No obstante, si no se puede disponer de un plafón de estas características, lo esencial es que no utilicemos bombillas incandescentes.

  • Postura. La higiene postural es probablemente la asignatura suspendida con peor nota por aquellos que pasamos 8 horas (o más) frente al ordenador diariamente.

   – Brazos. Los codos han de estar a la altura del teclado y formando un ángulo recto. Debemos apoyar las muñecas en todo momento sobre la mesa, y unos 10 cm. el antebrazo, para evitar sobrecargar los hombros.

   – Piernas. Adiós a mi postura favorita, en el sofá con las piernas cruzadas y el portátil haciendo equilibrios sobre ellas 🙂 Las piernas deben formar un ángulo recto con el tronco, y las rodillas también más o menos un ángulo recto. Si las piernas están cruzadas o excesivamente levantadas, la circulación sanguínea no es la adecuada y se presiona la zona del coxis.

   Los pies no deben apoyarse, por tanto, en las patas de la silla ni cruzar las piernas.

   – Espalda. Como he mencionado en el apartado de la silla, deben evitarse las torsiones, ya que dañan la región lumbar, y la curvatura de la columna, pues desgasta los discos intervertebrales.

   De todas formas, el estatismo postural también es perjudicial, por lo que se recomienda levantarse y caminar o moverse un poco cada dos horas aproximadamente. Tampoco hay que olvidar que la sensación de confort de cada individuo es personal; aunque no debe utilizarse como excusa, mientras estemos reeducando nuestra postura y esto nos cause molestias, para volver a los malos hábitos.

Por último, señalar que se recomienda que a nuestro alrededor tengamos un espacio de 1’5 m., para tener libertad de movimientos y reducir la sensación de enclaustramiento.

Según mis apuntes en letra de hormiga nada ergonómica (pero por una buena causa: que me cupiese toda la información importante), esto es todo lo que se trató sobre ergonomía. En la próxima entrada hablaré de la segunda parte de la charla, que versó sobre psicosociología.

Espero que, aunque haya sido largo, os haya resultado tan interesante y tan útil como a mí, y que empecemos todos a ponerlo en práctica. Al fin y al cabo, nuestros cuerpos son para toda nuestra vida 😉 Gracias a la APTIC y a Avensis Ingenieros S.L. por ayudarnos a cuidarlo un “muchito” más, para llegar a viejos capaces de seguir traduciendo.

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5 pensamientos en “¡Ay!

  1. Muchísimas gracias por el resumen, Iris. No sabes lo que me he reído con algunos de tus incisos, ¡qué identificada me siento! xD
    Lo del portátil es una verdadera p…, pero estoy viviendo en mis carnes que, efectivamente, no debería pasarme tantas horas con él. Lo del ratón… veo que ni se mencionó lo que implica no tener un ratón sino un touchpad, ¡no querría ver una radiografía de mi muñeca a lo largo de un día!

    Un abrazo y gracias de nuevo 🙂

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    • De nada, pensé que todo traductor debía tener acceso a esta información.

      En cuanto a lo del touchpad, sí que se comentó, de hecho lo pregunté yo 😀 Y básicamente la respuesta del ponente fue sentarse frente al portátil y demostrar que es imposible mantener una postura adecuada, sobre todo de las manos, con semejante aberración ergonómica. Necesito que me toque la lotería para no morir en breve 😀

      Por cierto, no me alegro de que te sientas identificada con mis incisos… ¡significa que lo tienes tan &%$#@ como yo!

      Un abrazo.

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      • jajaja Qué curioso que justo preguntaras tú lo del touchpad… Yo me pillé un MacBook en marzo y espero que me dure mínimo 5 años como he visto que les ha durado a otros, pero claro, tampoco es plan de que me pase factura. Lo que está claro es que “factura” va a pasar, económica o física xD

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  2. A un portátil le puedes poner un teclado/ratón USB y una pantalla en condiciones. Vamos, que no hace falta tirar el portátil y comprarse una torre. Sólo hay que ver que lleve conector VGA, y es raro el portátil que no lo tiene.

    Si no lleva suficientes conectores USB basta con poner un HUB.

    Lo más caro es la pantalla, pero lo demás son cuatro duros. Y si no llega para una pantalla, también se puede hacer un apaño poniendo debajo del portátil un par de tomos de aquella enciclopedia tan cara que ocupa tanto sitio, a ver si sirve para algo de una puñetera vez.

    Por mi parte, la verdad es que estoy cansado de oír esos consejos y nunca les he hecho caso. Y así estoy, que parezco un cuatro con chepa. A ver si ahora…

    Saludos.

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  3. Me ha encantado el artículo. ¡Muchas gracias! Ahora toca portarse bien y hacer caso de todos esos consejos para evitar que se nos quede el cuerpo hecho un gurruño.
    Yo trabajo con un portátil pero lo tengo enchufado a una pantalla y teclado con una docking station, porque si no es imposible tener la pantalla a la altura de los ojos sin encorvarse mucho o estirar los brazos en plan inspector Gadget.
    Lo dicho, muchas gracias!

    Ana

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