Trucos fáciles para días de traducción

Muchos de vosotros escribisteis vuestros propósitos para 2013, y la verdad es que me dio un poquito de envidia sana, pero decidí hacer algo distinto: proponerme retos en silencio, y confesarlos sólo si los cumplía. Y aquí estoy, un mes y pico más tarde, confesando que estoy muy contenta con mis progresos 🙂

En agosto de 2012 empezó mi andadura como traductora en pijama y, voy a seros sincera: me apasiona traducir, pero la parte del pijama… no la llevo demasiado bien. Soy un animal gregario, qué le vamos a hacer. Por ello, al empezar 2013 decidí hacer de mi rincón de ordenador y termo de café un lugar más acogedor, en el que pasar tantas horas sola no se me hiciera tan cuesta arriba.

Soy consciente que las medidas que he tomado pueden resultar, para muchos, meras tonterías, detalles sin importancia. Pero ya ha pasado un mes y, sinceramente, esos detallitos han supuesto un cambio notable. Os cuento los cinco pasos hacia mi felicidad traductoril:

1. Maquillarme todas las mañanas. Sigo traduciendo en mallas y sudadera, porque es más cómodo para pasar horas y horas sentada que unos vaqueros o una falda, pero ahora me hago un recogido decente, me maquillo y me pinto las uñas cada día. Puede parecer ridículo, sí, pero no está de más no asustarse cada vez que me veo reflejada en la pantalla del portátil porque, si más o menos me gusta lo que veo, estoy de mejor humor. Vano y sencillo. Pero, ¿qué queréis que os diga? Con una actitud más positiva, traduzco mejor.

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2. Hacer de mi agenda un mundo de color. Los días en los que mis tareas eran una maraña de garabatos desganados e indescifrables han acabado: ahora trato cada tarea pendiente con el mimo que merece. Me he comprado una agenda más bonita, más alegre, y he asignado diferentes colores, también bonitos y alegres, a cada tipo de tarea (máster – rosa, encargos de traducción – lila, citas y recados personales – verde, eventos y citas profesionales – azul). De este modo, cada vez que tengo que enfrentarme al día, ya no soy solo yo la que está toda mona con mis ojitos pintados y sin legañas, sino que mi planning también resulta atractivo y apetecible.

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Si mi mesa fuera más grande, ampliaría el mundo de color con una planta, y si la casa no fuera de alquiler con varios cuadros bonitos a mi alrededor… pero para empezar me conformo con la agenda y con este simpático llavero colgando de mi flexo:

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3. Cumplir con mi TraduCafé. Parece un poco extremo esto de tener que “obligarme” a disfrutar de una afición como la lectura, pero por muy colorida que sea la agenda, si es apretada no hay más remedio. Reservando solamente dos horas a la semana, he conseguido leerme una novela que llevaba un año y cuatro meses en mi estantería, lo cual ha sido como romper una maldición. Lo que no he llevado tan a rajatabla ha sido lo de incluirlo en la correspondiente sección del blog, pero todo se andará.

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Me tomo mi café, tranquila, con mi música, en un lugar bonito, y me pierdo en historias que no son la mía… Vaaale, no dejo de pensar en cómo traduciría esto o lo otro y además anoto todo el vocabulario nuevo que me encuentro, pero, ¿qué esperabais? Soy una enamorada de mi trabajo, desconectar del todo no sería disfrutar: ¡sería una tortura!

4. Ser más sana, así, en general. Haciendo encaje de bolillos con mi tiempo, he logrado hacer deporte casi todos los días. ¿Qué implica esto, aparte de combatir activamente el sedentarismo ligado a nuestra profesión? SALIR. Salir de casa. El gimnasio y mi TraduCafé me obligan a ver la luz del sol al menos media horita al día, que para algunos es algo normal pero para un traductor en pijama es toda una aventura.

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Por otra parte, cada vez que siento la llamada del frigorífico, enemigo típico de los traductores en pijama, me preparo una infusión. También procuro, yo que como sola 5 días a la semana, cuidar más mis platos y dejar de usar la excusa de la rapidez para comer solo pasta y sándwiches. Y esto, además de beneficiar sobremanera mi salud, va también ligado al punto número uno: autoestima. Un factor a menudo olvidado (con eso de que somos invisibles…) pero que afecta a muchos otros aspectos de nuestra vida, tanto personal como profesional.

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Por último, más recientemente he estado aplicando los consejos que no implicaban comprar mobiliario nuevo de la charla de ergonomía de la APTIC: cambios leves en mi postura, estiramientos, etc., que de verdad han sido como mano de santo para mi dorsalgia.

5. Aplicar mi “técnica Pomodoro” particular. Personalmente, aunque la quería probar porque me habían dicho que se obtienen muy buenos resultados, la técnica Pomodoro original me planteaba el siguiente problema: 25 minutos son muy pocos para determinadas tareas. Si estoy en mitad de un párrafo y me suena el cronómetro, lo siento, voy a ignorarlo y seguir traduciendo, es superior a mí. Así que mi técnica no se divide en intervalos de tiempo, sino en capítulos traducidos, y la pausa es más o menos larga dependiendo del tiempo que haya pasado traduciendo cada capítulo.

Otra particularidad de mi técnica es que mis pausas no son descansos, sino otras tareas. Eso sí, tienen que implicar concentración nula: poner una lavadora, barrer la casa, fregar los platos… Después de todo lo reivindicado es triste, lo sé, pero alguien tiene que hacerlo. Lo bueno es que, si consigo acabar, las pausas siguientes son para aprender a hacer ganchillo 🙂

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Pese a todas estas modificaciones, lo cierto es que el invento me ha funcionado muy bien: mi productividad, tanto al traducir como al estudiar, ha mejorado gracias a un importante incremento en mi concentración. Definitivamente, lo recomiendo.

En resumen, la vida se compone de pequeñas cosas, y el truco está en apreciarlas y saber disponerlas para sacarles el mayor provecho posible. ¿Se os ocurren más detalles para animar nuestras vidas de píxeles y cafeína?

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7 pensamientos en “Trucos fáciles para días de traducción

  1. Geniales consejos: básicamente hay que vivir y salir de la celda de clausura que muchas veces nos autoimponemos los traductores.

    Como otro consejo absurdo, mi óptico me recomendó mirar al horizonte cada dos horas, para relajar la vista y evitar los “tics” nerviosos, cegueras parciales y otros síntomas relacionados con nuestra profesión (la cual nos obliga a imbuirnos en la pantalla). El consejo es bueno, pero en mi caso inviable, ya que tengo una pared frente a la ventana de la oficina (je, je, je).

    Saludos cordiales,

    SLA Language Lab & The Talk Shop
    http://www.slalanguagelab.com
    Wordpress: The Talkshop Blog

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    • ¡Gracias!

      Yo también tengo una pared 😦 Pero en realidad es una buena excusa para asomarnos por la ventana sin sentir que estamos perdiendo el tiempo, y así además estirar las piernas y cambiar de postura, que también es recomendable. Muchas gracias por el apunte, a partir de ahora se une a mis “trucos fáciles”.

      Un saludo,

      Iris.

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  2. Buenos truquis, Iris. Yo tengo algunos parecidos, como salir siempre a dar un paseo antes de ponerme a trabajar, (intentar) hacer yoga todos los días, de vez en cuando salir por ahí a comer un menú del día… Las tareas de casa, en cambio, no me gusta hacerlas mientras trabajo porque me distraen mucho, a las nueve de la mañana me pongo en “modo oficina” y me olvido de la casa, y a las seis “cierro” la oficina y me pongo en “modo casa”. Eso me ayuda también a desconectar.
    ¡Suerte con el ganchillo! 😉

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    • ¿Te puedes creer que el yoga, en vez de relajarme, me estresa? Me aburro, y se me va la cabeza a mi colorida agenda 😀 Prefiero el pilates, que es más activo. Pero esto, como lo de las tareas de la casa como desconexión o distracción, va con la persona. Lo ideal es encontrar, como has hecho tú, los trucos óptimos para cada cual.

      Por cierto, gracias por desearme suerte con el ganchillo, la voy a necesitar. ¡Soy muy torpe!

      Un abrazo.

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  3. Genial la entrada, Iris. La verdad es que son las pequeñas cosas las que hacen la diferencia 🙂
    Y mira, no conocía lo de la técnica Pomodoro. Aunque tienes razón, 25 minutos a veces no dan para nada.

    Un saludo

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  4. Muy buena entrada :), aunque tienes que añadir: ver capítulos de series 😛 eso también desestresa 😀 a la vez que piensas en cómo lo traducirías tú.

    Besos.

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  5. A mí me pasa lo mismo con la técnica Pomodoro, 25 minutos me parecen muy pocos. Y como me has dado un poco de envidia con tus propósitos cumplidos, voy a pintarme ahora mismo, a ver si así traduzco con más ganas 😛
    Un saludo!

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