5 razones por las que no me importa haber trabajado hoy

Y no, no voy a caer en el «porque por lo menos tengo trabajo», que es cierto y es maravilloso y estoy profundamente agradecida, pero también es lo más triste que se puede decir ahora mismo. En realidad, el motivo por el cual no me importa haber trabajado hoy —como casi todos los autónomos— es porque adoro mi trabajo. Y hay cinco razones para mi absoluta devoción:

1. Traducir es como un juego. El lenguaje es maravilloso porque te permite, con un número limitado de palabras, expresar infinidad de ideas. Y yo tengo que transmitir esas ideas con las palabras, también limitadas, del español. Con sus matices, con su musicalidad. Traducir atiza la creatividad, y a un nivel, si queréis, más práctico, fomenta la resolución de problemas. En efecto, resolver problemas es nuestra forma de vida: resolvemos diferencias a fin de poder transmitir del modo más natural posible ideas que tal vez no sean reconocibles por la audiencia del producto traducido.

2. Me lo paso bien. Así es, me encanta mi trabajo porque me divierto con cada nuevo encargo, porque de todos ellos saco algo nuevo. En los últimos meses he aprendido desde cómo instalar una tarjeta de sonido hasta a fabricar mis propios collares, pasando por un fascinante recorrido por la geografía de Oriente Próximo y los últimos premios de arquitectura. Cada encargo nuevo es una mina de conocimiento, una aventura nueva, que te permite descubrir y explorar conceptos, técnicas, realidades, que pueden llegar a convertirse en tus nuevas pasiones.

Ser traductor

3. Viajo desde mi escritorio. Tal vez no pueda sacar fotos a los monumentos más típicos de una ciudad turística (bueno, en realidad sí, lo veremos en el punto 5), pero viajo de una manera mucho más profunda: me sumerjo en una cultura distinta con cada traducción. Incluso con traducciones de una misma lengua, paladeo una cultura diferente si el cliente es londinense, neoyorquino o californiano. Y, a lo mejor es que soy un poco rara, pero me gusta quedarme con las costumbres que voy aprendiendo de cada una de estas culturas y aplicarlas a mi vida cotidiana (y no hablo sólo de hacer cupcakes cada vez que puedo).

4. Tú decides tus horarios. Bueno, tú y el plazo de entrega 🙂  Si bien el PM y los clientes podrían considerarse tus jefes, lo son de un modo no tradicional: no te obligan a estar de 8 a 18 en una oficina. Normalmente estarás en el despacho de tu casa, probablemente en pijama, y lo más seguro es que estés de 9 de la mañana a 12 de la noche, sí, porque los autónomos no tenemos medida… pero nadie nos controla las pausas para el café. Además, si un día has terminado a las 4 de la tarde, nadie te va a exigir que cumplas tu horario mirando las musarañas. Y cuando tenga hijos, será maravilloso poder quedarme con un pequeñajo griposo en casa durante días sin temer perder mi puesto de trabajo.

5. No habré podido descansar hoy (mentira, en realidad sólo he trabajado por la mañana, gracias a la razón número 4)… pero me voy de puente mañana mismo y no regreso hasta el martes. Y en marzo pude ir al ENETI, e iré al próximo TraduEmprende en Madrid el mes que viene. ¿Con cuántos trabajos puedes permitirte estos lujos? Lo mejor de todo es que el hecho de que un traductor viaje está socialmente aceptado ¡y recomendado! Tenemos que formarnos continuamente y mantener vivas y activas nuestras lenguas de trabajo. ¡Excusa perfecta servida y lista para su consumición! Ah, y por no hablar de las becas a las que optamos por ser expertos en idiomas, como los programas de auxiliares de conversación y lectores.

¿Cómo no amar esta profesión? ¿Cómo no perdonarle estos pequeños deslices, el no entender de nocturnidad o de festivos nacionales? La traducción es un mundo, en realidad muchos mundos, maravillosos y apasionantes. No, no me importa haber trabajado hoy.

—— o ——

¡Casi se me olvida! Existe una sexta razón: ¿en cuántas profesiones puedes salirte al patio en bikini a trabajar, o en la terraza de un café delante de un té helado, ahora que empieza el buen tiempo? 😉 ¡Viva la traducción!

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11 pensamientos en “5 razones por las que no me importa haber trabajado hoy

  1. ¡Qué bonito y qué inspirador! Así es, Iris, tenemos una profesión de lo mejorcito que hay 🙂 De lo que has dicho, me quedo sobre todo con el gustito que da pensar que uno es dueño de su tiempo y que puede organizarse el trabajo y el tiempo como quiera. Y que si me quiero coger una semanita para viajar…. ¡pues me la cojo! Cuando a mí me venga bien, sin permisos.

    Nos vemos en TraduEmprende, tengo ya muchas ganas de conoceros a todos en persona.

    Lourdes

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    • ¡Sí, yo también tengo muchas ganas! Nos lo vamos a pasar genial, ya verás, todos juntos precisamente celebrando el hecho de ser traductores y de ser nuestros propios jefes. Un abrazo fuerte, y gracias por tu comentario 🙂

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  2. Estoy completamente de acuerdo. 🙂
    Hay muchas desventajas en ser autónomo, pero lo compensa de sobra la posibilidad de gestionar tu tiempo.
    Viajar un miércoles, poder hacer una jornada intensiva de 7:00 a 15:00 un jueves y una intensiva “nocturna” el viernes… Esa flexibilidad es impagable. 😉

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    • ¡Exacto! La flexibilidad es esencial a la hora de compensar los plazos ajustados (bueno, eso y los recargos de urgencia 😉 ). Está claro que ser autónomo tiene muchas desventajas, sobre todo con lo que tenemos que pagar al mes cobremos o no cobremos en España (no sé en Alemania), y la inseguridad inherente a tener que buscarte tus propios clientes… pero también tiene ventajas que, de otro modo, serían impensables. Por ejemplo, hoy os saludo desde Londres así, sin más 😉

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    • ¡Muchas gracias! Me alegro de que te haya gustado 🙂 Es cierto, a veces necesitamos recordar que, pese a inconvenientes como la nocturnidad y alevosía 😉 de algunos encargos, ¡traducir es maravilloso!

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  3. Iris, coincido en todas tus razones, pero se me ocurren 10 por las que no deberíamos trabajar el 1 de mayo. La primera es por respeto a nuestros abuelos y bisabuelos, que lucharon hasta la muerte por conseguir mejoras laborales. El resto te las puedes imaginar, siendo autónoma… Pero no quiero chafarte tu texto, que lo comparto, pero es que en una mano llevo el maría moliner y en la otra un cóctel molotov.

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    • Totalmente cierto, Elena, estoy de acuerdo al 100% con lo que dices y me encantaría poder ser consecuente con ello. Sin embargo, como bien sabes, a veces te llegan encargos que no puedes rechazar, porque dependes de ese cliente o porque ese mes no parece que vaya a entrar nada más; a veces es así de triste. Es lo malo de ser freelance. La entrada tenía por intención, como sé que adivinas, en esos casos en los que tienes que ceder sí o sí, como les pasó a muchos el pasado 1 de mayo… pues echarle una pizca de romanticismo consolador al asunto.
      De todos modos, hay que reconocer que, fechas simbólicas aparte, los autónomos por lo general tampoco respetamos diariamente a los abuelos y bisabuelos que lucharon para conseguir la jornada de 8 horas, por ejemplo. El trabajo llega cuando llega. Y a mí me gusta pensar que llegará un día en el que todos podremos quedar a tomar un café (en casa de alguno de nosotros, por supuesto, no en una cafetería) para celebrar el 1 de mayo hablando de lo bien que nos va 🙂
      Un besazo, guapa.

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  4. Totalmente de acuerdo, para mí lo mejor de traducir es aprender cosas nuevas y que cada traducción sea algo distinto, nada de monotonía. Me quedo con el final, ¡viva la traducción!

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